12 DE OCTUBRE: DÍA DE LA VERGÜENZA
Modificado de Rebelión escrito por Marcelo Colussi
'Hemos venido aquí a servir a Dios y al Rey, y también a hacernos ricos'
Bernal Díaz del Castillo Guatemala, siglo XVI
Hace 516 años el grito que profería Rodrigo de Triana la madrugada de un 12 de octubre desde su puesto de vigía en la Pinta informando de la tierra avistada, cambiaría dramáticamente el curso de la historia. El 'descubrimiento' de América o lo que con más precisión podemos llamar 'el inicio del mundo moderno capitalista', es un hecho de una trascendencia sin par: sienta las bases para la universalización de la cultura del imperio dominante, mucho más solidificado en la actualidad. El imperio dominante era el incipiente –pero ya avasallador– capitalismo europeo: modo de vida occidental, podría llamarse ahora, o libre empresa, o economía de mercado. La llegada de los europeos a tierra americana y su posterior conquista fue la savia vital que alimentó su expansión. Ese encuentro de civilizaciones fue una relación absoluta y radicalmente desigual; en términos estrictos fue más que un 'encuentro': Fue, en principio, una irrupción violenta de la avidez europea, llevándose por delante –religión católica mediante– toda forma de resistencia que se le opusiera seguida luego de un avasallamiento cultural haciendo de su cultura la única válida y legítima. Hubo vencedores y vencidos, por lo que la idea de 'encuentro' es demasiado débil, ingenua e hipócrita. En tal sentido, entonces, lo que se produce en ese lejano 1492 es, con más exactitud, un encontronazo. Por cierto, salen mejores parados los que detentaban la más desarrollada tecnología militar. Y para el caso, fueron los españoles.
Han pasado 516 años desde aquel grito, y ningún habitante originario del continente americano se siente 'descubierto'. En realidad no hay nada que festejar el 12 de octubre, no hay 'día de la raza' o 'día de la hispanidad'. Hay una historia forjada a sangre y fuego, sigue habiendo una herida abierta, y fundamentalmente hay una deuda no saldada.
Por otro lado: ¿qué 'raza'? La historia la escriben los que ganan, por lo que ese encontronazo de civilizaciones fue contado por los vencedores en la forma de 'hazaña', de 'gesta gloriosa'. Seguramente los pueblos americanos, ni los africanos que más tarde fueron trasplantados al continente 'descubierto' como mano de obra esclava no tienen la misma versión. Si a alguien benefició todo esto, seguro que no fue a ellos.
Mucho tiempo ha pasado desde la llegada de los europeos al 'Nuevo Mundo'; y de aquel momento inaugural del capitalismo hoy tenemos un Norte desarrollado, opulento, y un Sur que se debate en la pobreza y la dependencia. Para las grandes civilizaciones como la inca, la azteca, la maya, no parece que este 'descubrimiento' haya tenido grandes beneficios. Para el capitalismo europeo, fue su acumulación originaria, su empuje inicial. Hoy, los pueblos americanos (hay quien los llama 'precolombinos'), no se han recuperado aún del trauma que significó la llegada 'del hombre blanco'. De grandes civilizaciones, tan o más desarrollados que los europeos, pasaron a ser mano de obra casi esclava, destruyéndoseles buena parte de su rico acervo cultural.
¿Se puede limpiar esa afrenta? La historia oficial, aquella que cuentan los ganadores, intentó borrar esas grandes culturas transformando a sus miembros en ciudadanos de países inventados en estos últimos siglos: los incas pasaron a ser peruanos, los mayas guatemaltecos, los aymarás bolivianos, los aztecas mexicanos, etc. Las tierras saqueadas en la conquista, los recursos robados y enviados a España –que terminaron enriqueciendo a la emergente industria europea–, los miles y miles de vidas de amerindios segadas, la humillación a que se sometió a los pueblos americanos, la postración histórica a la que se les condenó y de la que hoy, como Tercer Mundo, cuesta tanto remontar… ¿se puede resarcir? ¿Quién lo va a pagar? ¿Cómo? La entrega del Premio Nobel de la Paz a la dirigente maya-quiché Rigoberta Menchú el día del 500 aniversario del inicio de la conquista es un buen gesto, pero no basta.
El 12 de octubre, más que día de festejo (¿qué festejar?) debería ser un día de vergüenza humana.

